Nacido
Nací en un pueblo pequeño en la sierra de Michoacán, el menor de tres, con dos hermanas mayores.
Mi papá construía casas, incluida la nuestra. Le decíamos la casa rosita porque era rosa, y la fue levantando un piso a la vez. Los domingos manejábamos diez minutos fuera del pueblo a un terreno que llamábamos la Chichihua, donde él había plantado árboles frutales y construido una pila con piedras de río. Mis primos y yo jugábamos ahí hasta que oscurecía.
No tenía nada de glamoroso. Era sencillo, y era bonito. Todavía no sabía cuánto lo iba a extrañar.
¿Qué más vas a pedir de la vida?
Empezar de nuevo
El 14 de julio de 2022 abordé un vuelo de Guadalajara a Nueva York. Tenía once años. Entre ese verano y el siguiente, empecé de nuevo cuatro veces.
Cinco semanas en Nueva Jersey. Luego California, donde me pusieron un grado atrás y escribía mis ensayos pasándolos de ida y vuelta por el traductor de Google. Una de las primeras palabras en inglés que aprendí a propósito fue nervous, para poder explicarme en un viaje escolar. Luego de regreso a México por un verano. Luego Nueva Jersey otra vez, una escuela nueva y un horario de clases que cambió tres veces en mis primeras semanas.
Cada mudanza significaba una escuela nueva, gente nueva y empezar de cero otra vez.

La caída
Un sábado por la noche, a finales de diciembre, me enfermé y no mejoré.
Por la mañana ya iba en una ambulancia rumbo a un hospital infantil. En terapia intensiva, los doctores les dijeron a mis papás lo que era: diabetes tipo 1. Yo tenía catorce años. Insulina, todos los días, por el resto de mi vida.
Renacer
Una semana después, el 4 de enero de 2025, me senté en esta silla a esperar para irme a casa.
Sobre la cama estaban las guías de diabetes que el hospital les dio a mis papás. Ese día no tenía mucho que decir. Había entrado siendo una persona y salía siendo otra, con reglas nuevas para mi propio cuerpo.
Lo pienso como el día en que volví a nacer. No elegí el diagnóstico. Elegí qué hacer con el día en que salí.
Salí. Y decidí prosperar.
Un año de diferencia
Alguien nuevo
El año después del hospital aprendí a vivir en un cuerpo con reglas nuevas.
Regresé a la escuela y casi todo me lo guardé para mí. En julio me gradué. Ese verano volví a Coalcomán por primera vez en dos años, y el pueblo era el mismo aunque yo no. Me fijé en cosas que antes pasaba corriendo.
En algún momento de ese año, sobrevivir el día dejó de ser la meta. Quería construir algo.
Aureveris
Aurum + ver. Oro y primavera.
Le puse Aureveris en noviembre de 2025 y me di una fecha de lanzamiento: el 1 de abril.
Oro por la prosperidad, en todos los sentidos. Primavera por la estación en que todo regresa. El fénix del logo es la misma idea.
No llegué al 1 de abril. Tampoco a las fechas que siguieron. Estaba tan enfocado en que cada detalle quedara perfecto, el logo, los archivos, el video, que se me olvidó construir la cosa en sí. Para la primavera estaba agotado y sin energía.
Así que paré, y empecé a escribir. Poner mi propia historia en papel me mostró lo que Aureveris debía ser desde el principio: la prueba de que una temporada difícil puede convertirse en un nuevo comienzo.
Sigo construyendo. Esta vez, bien.
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Volver
En agosto de 2026 volé a casa al amanecer, con la playera puesta.
Los cerros estaban verdes por las lluvias. El río llevaba agua. La neblina llenaba el valle por la mañana. Esta vez le tomé fotos a todo, porque ahora sé lo que es estar lejos.
Me fui de Coalcomán siendo un niño que no sabía lo que venía. Regresé como alguien que ya empezó de nuevo más de una vez, y que puede volver a hacerlo.
De Coalcomán
para el mundo.
La historia termina donde empezó, por ahora. El siguiente capítulo todavía no está escrito.